lunes, 16 de diciembre de 2013

A las románticas de verdad no nos gustan las flores

Ya no sé si es el preguntarme
si tengo mucho que decir,
nada que callar
o
sencillamente
se me ha acabado el fuelle
y ya prefiero la nada
a que mis versos vuelvan a hablar de ti.

Y ya en este instante el orgullo me calla,
me pregunta por qué
y empieza a buscar sinónimos
o un plan de contingencia para cuando lo decida compartir.

El alma cogida con pinzas
y silencios rompiendo las puertas
haciendo más ruido que nunca.
Por miedo.

Y déjenme hablar tranquila,
o déjame tú amor callar,
que al parecer el romanticismo
me está taponando las venas.

Un pánico que abraza dulce
y yo ya apretando los dientes
por si hoy es el día en que así
de pronto
me apetece buscarme.

Generar nostalgia sin recuerdos
como si fuese un domingo
de causas desconocidas
e intenciones dudosas.

El problema es
que aprovecho cualquier décima de segundo
para hallar ni que sea una parte
que encontrar de una causa perdida.
Y en eso consiste el juego,
déjame decirte pues
que a las románticas de verdad
no nos gustan las flores.

domingo, 1 de diciembre de 2013

That fire inside


Intentar deshacerme de él era tan absurdo como conseguir que dejase de andar descalzo mientras estaba en casa, o que no se volviera gris los días que llueve.
Me gustaba quedarme callada y mirarlo justo cuando se acababa un libro para observar el rechazo que le creaba el mundo si no se lo contaban de forma que el propio desequilibrio de este tuviese su propio ritmo y armonía, y que se adentrase en su universo para poder sentirse solo. Él siempre decía que estaba roto, así que yo solía colarme por las grietas aun sabiendo que en cuanto me encontrase me echaría a patadas, y yo siempre me dejaba la curiosidad allí, como excusa para volver.
Aunque cuando más me gustaba mirarlo era cuando charlaba sin parar y después de disculparse por su discurso me acababa hablando de sus miedos. A veces lo veía sentado en su escritorio envuelto entre papeles y le leía en los ojos las ganas de volver a tirar su vida por el váter. Una vez me dijo que cuando ya no te queda nada que encontrar, lo mejor que puedes hacer es romperlo todo para perderte y tener que buscarte a ti de nuevo. A mí me sonaba tan trágico y romántico que no podía evitar sonreír, y lo cierto era que me costaba creer que su piel estuviese hecha de un cuero tan curtido cuando lo acariciaba y se me hacía más suave que cualquier otra.
Me gustaba mirarlo así porque cuando se asustaba se sentía vivo, y a pesar de su siempre apático hilo de voz por un momento sus ojos ardían en llamas, y yo me quedaba frente a esa hoguera preguntándome por qué motivo podía haber tantas palabras en aquel silencio y por qué no podía descifrarlas.
Siempre he pecado de ambiciosa y él tenía complejo de enigma, así que jamás llegó a contarme cómo se sentía porque cada vez que lo intentaba solamente lograba que sus párpados se abriesen de par en par mientras hablaba de utopías y de explosiones internas.
Los poetas creen que nadie entiende lo que sienten… lo que no pude decirle nunca fue que cuando me miraba yo sentía todo aquello a lo que él llamaba poesía, y que por eso no pude escucharle mientras me lo contaba.  

jueves, 14 de noviembre de 2013

Disculpas de un ser orgulloso

Me encanta cuando te enfadas
y
frunces así el ceño.
Te quedas en silencio,
sumido en mis absurdos
y me miras con gesto incrédulo,
preguntándote por qué ésta loca.

Y yo, con cara de final amargo
-que es como más fea me pongo-
preguntarme de nuevo
por qué cuanto más pesa mi orgullo
menos dura al mirarte.

Fuerza titánica,
deseo imparable de que
se arreglen los problemas con caricias
y
me regales ser tu prólogo todos los días.
Desayunar de tu sonrisa
y que te comas a mis miedos,
aunque sea por unas horas.

Y, me encanta también
sin ningún otro pretexto que hacerte reír,
que frunzas el ceño otra vez,
y hacerle cosquillas a tu mal humor de los lunes
mientras te tengo entre mis brazos
y pienso en lo imbécil que es
invertir tiempo en silencios que gritan
cuando podríamos salir y gritarlo.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Sonabas a canción triste

Hoy post para leer con BSO, espero que se os haga más mágico, aunque la canción sola ya es amor:)

Me encantaba observarte desde detrás del humo de la taza de café, mirando a un punto fijo y sin peinar mientras te retorcías del frío porque había dejado una ventana algo abierta - como excusa por si en un brote de cariño quisieras quedarte más cerca. Me creaba cierta nostalgia, porque sabía que te echaría de menos en cuanto cruzases la puerta y te fueses...aunque también sabía que tarde o temprano ibas a volver -o eso me gustaba creer.
Todavía te recuerdo entre las sábanas de mi cama mientras dormías -y eso que con el tiempo la imagen se ha ido emborronando. Te vivía en mi silencio, con la magia de algo cuando empieza. Y estabas allí, y no quería cerrar los ojos porque por un momento la vida me parecía menos puta contigo entre mis brazos, incluso a sabiendas de que eras el humo de mi último cigarro. Pero aun así...te juro que hubiese militado en cualquier partido político que prohibiese madrugar con el único pretexto de quedarme un par de horas más en la cama a tu lado, contando los lunares de tu pecho - y perdiendo la cuenta cada diez segundos para volver a empezar. 
Sonabas a canción triste, y mira que yo siempre decía que la nostalgia era la peor forma de morir. A tu lado era distinto. Echar de menos a veces es una muerte llena de vida, incluso un modo de ilusión. Esperar a que volvieses envuelta en una manta de frío mientras enero se apoderaba de mis huesos en aquel balcón. Tenías la llave de mi casa, aunque a menudo me preguntaba por qué razón te la di. Luego todo cobraba sentido cuando me quedaba allí esperando, por si en un repentino ataque de generosidad se te ocurría subir y tenerme entre tus brazos un par de minutos. No. Los hombres como tú no hacían eso. Tú jamás fuiste así. De hecho espero que no vayas a serlo nunca. 
¿Sabes? Me encantaba también imaginarte siendo todo aquello que no eras o haciendo todo aquello que tú nunca serías capaz de hacer. Verte aparecer por la puerta un domingo cualquiera, en que el mundo parece mi mayor enemigo. Cambiar tus labios por la boca de la botella por las noches. Mirarte de tan cerca otra vez que por momentos hasta te me hicieras doble.
Y aun así todo eso se te quedaba grande. Se nos quedaba grande. Yo tan en las nubes y tú tan en el suelo...

Esperar a que llegases y te quedases era demasiado absurdo. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Las botas de agua son para saltar en los charcos

La taza de té a mi derecha, las medias en el suelo y de manta el silencio -pero déjame los pies fuera, que sabes que aunque los tapes seguirán estando fríos. La cama de diez hectáreas, tú tan lejos y yo con tanto que decir y tan pocas ganas de hacerlo -lo de decir, digo.
Abre algo la ventana; ha llegado el otoño, ¿eh? Vuelven los días malos. Llevo pensándolo todo este tiempo, y puede que lo de madrugar tanto y esconderme por las tardes sea cosa de la luz. Sé que odiabas irte a dormir tarde así que yo también he empezado a hibernar, así ya no te echo de menos -ni de más, aunque peor castigo sería. Soluciones sencillas para grandes errores. Maldita la hora en que... bah, da igual. Da igual. Llueve sobre mojado. Ahora me retuerzo entre las sábanas esperando que mañana sea menos gris, o que se seque todo el agua que me ha calado hasta los huesos. Hondo, sí. Muy hondo. Lo divertido de la historia es buscar culpables: o yo por mantenerte lejos o tú por no entender de distancias. Siempre me enamoro de hombres con la cinta métrica atrofiada; demasiado cerca nunca era suficiente. Yo no quería que entrases ni tú querías pasar, pero al final entre una copa y otra acabaste metiendo el pie y sin darme yo cuenta te instalaste de escondidas. Y todo eso por no querer ver. Joder, qué rápido se me va la luz. Maldito gobierno, me he pasado el mes conspirando sobre por qué demonios quiere que se haga de noche temprano si la única cuota de natalidad que aumenta es la del miedo.
Y ahora nos necesitamos. Te necesito yo para hablar y tú para callar a mis demonios sin nada que decir. Mentira, necesitar es una palabra muy fea. No, no. No te necesito, porque ¿sabes? Yo jamás he necesitado a nadie ni tengo intenciones de hacerlo. ¿Lo ves? Ahora hasta los verbos me piden socorro y sin auxiliares, solo pronombres que nos poseen y hacen que nos poseamos.

Mírame, muerta de frío y saltando en un charco -al menos esta vez me he puesto las botas para hacerlo tranquila. Y cojo gripe, y llega el invierno y cada vez estaré más empapada.

Te prometo que me quedo tiritando y no me muevo con la condición de que estés dónde estés tú harás lo mismo.



sábado, 2 de noviembre de 2013

La culpa fue de la luna - con Anna S. Tribbiani

Anoche volví a enamorarme. Empiezo a pensar que padezco de "imaginación sin permiso". Así que aquí estoy, recorriendo una vez más con cautela varios años de caricias que han dejado cicatrices, aunque esta vez es mejor porque la culpa es tuya. Espera, echémosle la culpa a la luna... o puede que a mi complejo de gato. No, no te precipites. No es por lo salvaje, sino por lo curioso; prefiero encontrarte y morir en el intento. Le debo ya mil lunas a la noche, por cada noche que ha tenido que aguantarme maullando mis condenas en formato de elegía. No puedo permitirme echarle la culpa. Será cierto eso que dicen que la curiosidad mató al gato. Si así es, más me vale tener 7 vidas, aunque no sé si cuenta doble si mueres 7 veces por la misma causa. Si me dejan jugar esta trampa, te regalo todas mis muertes.
Aunque me apetece hablar de atardeceres. No sé si por el deseo de dibujártelos en la espalda, o simplemente por dejar que se me cuelen entre los dedos. ¿Sabes cuantas veces te he imaginado en mi cama? Guárdame el secreto, pero llevo un par de meses discutiendo conmigo misma sobre si debería llenar mis vacíos. El hueco de mi espalda cuando la arqueo al despertarme, el espacio entre mis labios cuando suspiro. Lo curioso es que por un momento tuve la sensación de que te diseñaron al milímetro. Créeme entonces si te confieso que tal vez sea un suspiro. Uno de los tuyos. De los que salen sinceros del crepúsculo de tus labios. Puede que de ahí me deje llevar por el compás de tus caricias y aterrice, sin querer pero gustoso, en los atardeceres de tu espalda, y simplemente dejo que la gravedad se encargue del resto.
De que todo caiga por su propio peso, como ese pelo que siempre te molesta tanto cuando te cae sobre la cara y te lo acabas apartando mientras te enfadas y te pones preciosa porque créeme, cuando frunces el ceño así y se te escapa la risa se me olvidan todas las quejas del mundo. Y es el mundo quién se queja entonces. Envidioso por que no sabe alcanzarnos. Porque no es algo que te enseñen en la escuela. Se aprende en casa, como cuando te vas a trabajar dejándome tu media sonrisa como paga y señal de que volverás para comer a las tres. Y me quedo a los pies de tu cama, sin cigarrillos, porque ahora me fumo tu sombra de ojos (que es mejor el vicio), mientras le escribo cartas a tu ombligo. Porque ya sabes que nunca me gustó trabajar, o no en algo que no fuese escribirte cartas para que te las fumases cada noche o dejases de leértelas. Trabajaba en luchas frustradas y vivir para contarlo, aunque los que no son de mi especie parezcan estar sordos
que enmudecieron el día en que me susurraste que no te gustaban los besos que sabían a tabaco. Y desde entonces, créeme que no me queda más remedio que esclavizar mi sangre en un tintero. Bien para dibujarte sin pulso firme (porque de eso ya no me queda), o bien para retratar tus osadías de los domingos por la tarde. Y mira que son muchas las horas que dedico a intentar ajustar tus silencios en pentagramas, y me encanta, porque siempre me cuesta salir airosa de esto

Creo que ayer me enamoré tras leer aquella frase que decía algo como "never give up on anybody, miracles happen everyday". No quiero que pueda influir en el quedarte esta noche o no, pero hemos vivido tanto juntas en mi cabeza que necesitaré una vida entera para contártelo. Suerte tengo de ser gato, aunque sea solo por esta noche, porque puede que con 6 vidas no me baste para hacerme a la idea que hoy la luna nos culpa a nosotras.







Anna S. y Ane Santiago

[ http://yellowfishbowl.blogspot.com ]

lunes, 28 de octubre de 2013

Te quiero.

Posiblemente no exista historia de mayor tormento -o sí, pero después de todo le tengo cariño a ésta- aunque me atrevo a decir que tampoco exista mayor historia de amor.
Te quería como se suelen querer aquellas cosas que están obligadas a ser queridas: a ciegas, sin demasiado entusiasmo pero a ciegas. Como se solía querer en el siglo dieciséis, con distancia de por medio y millones de palabras -ya sabes también, que para bien o para mal nunca tengo la boca cerrada. No siempre buenas. En toda novela realista se toca el drama, y a nosotros nos tocó la ración triple.
Pero eso me gusta. Posiblemente sea porque es una de las mayores lecciones que me ha dado la vida acerca de cómo mirarla a ella y a todo lo que me rodea. Cómo hurgar en lo desconocido y que de pronto algo que siempre había tenido al lado de pronto brille más fuerte que nunca. Conocerte. Sí. Conocer a alguien después de llevar muchos años compartiendo tu vida con él es una de las cosas más maravillosas que pueden pasarle a cualquier ser humano de la tierra, y más cuando se da cuenta de que tiene delante una especie de espejo.
No te echo de menos porque me acostumbré a vivir sin verte, pero sobretodo porque ahora más que nunca te siento cerca. Por una vez me da la sensación de que lo que tengo y lo que siento hacia alguien no es una imposición social. Algo que hay que tener porque así nos sentimos mejor. No. Sabes que no creo en las posesiones, y eso es lo mejor de todo. Que vuelas libre conmigo.

Y...¿sabes? Tienes las alas más inspiradoras de la tierra. Con las palabras constancia, trabajo, dedicación, amor y sinceridad grabadas a fuego. Ojalá algún día vuele tan alto como tú, aunque no dudo que podré conseguirlo si me sigues mirando así, como si estuviese un palmo por encima y ya divisases toda mi trayectoria.

Después de todo, lo que importa es que te has convertido en alguien necesario para mí. Y sí, sé que la palabra necesitar me impedirá crecer en algunos aspectos, pero es que me la suda. Me la suda porque quiero dedicarme todos los años de vida que nos quedan a enseñarte a dar abrazos, hasta que consigas dejarme sin aire.

Eres la mejor sorpresa que la vida podía darme. Y esto, señores, es amor.

Te quiero Aita.






lunes, 21 de octubre de 2013

Ríos

Es tan sencillo,
o tan complicado,
como dejarse caer.

Ser.
Río que fluye,
(tú escoges el cabal de sus aguas)
a veces turbulento,
otras más pausado.
No importa,
tú sigue mi corriente.

Pero fluye.

Empiezo a creer que,
en el fondo,
no hay presas de castores
sino ríos con miedo a salir.

Y el mar nunca se hace responsable de ellos.


Tú llena los huecos
que
ya me encargaré yo
de que otro alguien
los vacíe.

jueves, 10 de octubre de 2013

Gracias

En febrero de 2010 abrí esta fábrica de sueños con unas intenciones no muy claras, y con la simple idea de ir colgando cosas para poder compartir con los demás lo que me llena a mí. Los demás al principio resultaron ser unos pocos, de hecho, si no recuerdo mal hará unos pocos meses esta página tenía unas 6.000 visitas (puede que algunas más) y yo ya daba las gracias muy sorprendida.
No os podéis imaginar para mí cómo de loco es esto, ver que algo que era simplemente un trozo de papel ha llegado a tocar lo más profundo de la gente.
Y ya no hablo de las 15.000 visitas, que es el principal motivo por el cuál escribo este post, sino también de aquellas personas que en algún momento han cogido y me han dicho que se han emocionado e incluso han llegado a llorar con lo que escribo. No sabéis hasta qué punto eso es surrealista para mí (y os aseguro que no es falsa modestia) y reconfortante, porque puede que si no hubiese sido por personas como vosotros lo más probable es que esto nunca hubiese visto la luz. Y doy las gracias desde la gente que leía mis cosas en clase cuando todavía coleccionaba escritos en la carpeta, a la persona que me animó a enseñárselos al profesor de filosofía (gracias Raquel por obligarme :) ) y a partir de ahí tuve valor de hacerme el blog, a los que me han leído y no han dicho nada, y los que me lo han dicho todo y se leen cada post que subo.
Es un placer compartir heridas con vosotros, y espero que podamos seguir haciéndolo muchísimo más tiempo. Dicen que el dolor inspira y también que suele unir porque somos capaces de empatizar y eso siempre aporta calma...
Sois todos increíbles y os vuelvo a dar las gracias por estar aquí, porque espero estar más años dando el coñazo.

Millones de gracias otra vez.
Siempre vuestra,

Ane.

miércoles, 9 de octubre de 2013

La noche de los cobardes - con Jordi Pla

Pensaba que no volvería a recordar. Aún así, malo. Recordar es para aquellos que el vivir les duele, que el pensar y el futuro les atemoriza. Un paso atras. Pensaba que el buscar palabras se había divorciado del encontrar las letras. Un hablar por hablar. Pensaba que el pensar no me haría daño. Mírame, me acabo de comer mis pensamientos. Y en ración triple, para no perder las costumbres. No me cansa el subconsciente ni después de tantas noches juntos, y mira que allá va otra... es el morbo de tocar sin querer aquello que te asusta ver de cerca, aunque solo sea en sueños. Maldita suerte, hoy he vuelto a creer en ella y ya me ha vuelto a fallar. Ateismo. Yo iria a lo fácil, all in a nada para no perder. Camarero por favor, otra ración de realidad, esta vez no escatime en detalles que sino luego te quedas con las ganas. De menos, por supuesto. O, qué coño. Hoy por recordar igual volvía a apostar todo al rojo, solo por sentirme vivo otra vez. Inspirar la derrota, expirar el sabor de mi propio aliento...creo que todavía sabe a tu pintalabios, y mira que me he comido a mujeres a besos desde que te fuiste. Apostar, inspirar, pintar. Como te he dicho, me sigue doliendo la herida. Pero prefiero dormir, y que me guíen mis sueños que sea la noche la que me ilumine y me hable. En voz bajita por favor, no vayamos a despertar a los de día. Ansío compañía que solo calma otra ausencia de palabras, una noche más. Con lo que sobra de un silencio me basta, pero que cuente una historia nueva, estoy cansado de bailar sobre las notas de la misma paradoja. Hasta la luna se ríe ya de que siga esquivando este lado oscuro. Te he sacado a pasear hoy para pedirte algo.
Vete. Por favor vete, que ya estoy borracho de tu recuerdo y empieza a ser adictivo.



Jordi Pla y Ane Santiago






miércoles, 2 de octubre de 2013

Me da igual lo que quieras hacer mañana, quédate conmigo hoy, te dije. Me preguntaste por qué y no quise responderte. Me sobraban motivos y me faltaban ganas de explicártelos porque mi mente estaba ocupada en desabrocharte la camisa, lo que parecía no importarte demasiado ya que probablemente estabas haciendo lo mismo.
Me preguntaba por qué solo se le llamaba hacer el amor al momento en que alguien la metía en un agujero. Nos separaba aquella mesa pero yo te sentía dentro. Tus ojos, cómo me mirabas. Tic, tac, las doce. Te tocas la barbilla, te pones las gafas de sol. Tu media sonrisa conspiraba contra mis doscientos escudos en un inminente KO. Te gustaban las poetas porque a su lado todo parecía más profundo y dulce, aunque a mi lado sabías que no era así. Cruzabas mi mente como si fuese una senda secreta apta hasta para cojos pero no tenías huevos de nadar cuando llegabas al agua. Ahí estaba la distancia entre el parecer y el ser: lo único profundo que buscabas era una garganta y a mí me sobraba ya gente en el umbral de mi alma que se quedó a medio camino entre el amor y las pasiones (lo peor de todo es que seguramente también querías un sofá allí). Eso no era enamorarse, por mucho que colocases tus te quieros a modo de show de pirotecnia: oportunamente pero haciendo demasiado ruido.

Te quitaste las gafas de sol y me volví a quedar allí, observando por tus ventanas cómo estabas amueblado e imaginando cómo te amueblaría yo. Quería una bañera grande en tu pecho para no tener frío nunca y un escritorio infinito en tu espalda para escribir todas las historias que quisieras contarme. Una galaxia en tu mente para visitar cada día un planeta y un piano en tus costillas para bailarte el agua cada vez que te cogiese. Un salón de baile entre tus piernas de entrada gratuita pero privada y en tus pies una nube para poder levitar. A mi se me daba bien quererte. Sí, a ti, aunque todavía no existas, no sé si por miedo o por sencillez. Pero a veces me mirabas así y...
Creo que ese era el único momento en que me hacías el amor. Cuando me mirabas con los ojos desnudos y dejabas que se escapase el miedo, como si por un instante fueras a dar un paso adelante. A mí la cama me la sudaba. Yo quería llenarme de magia y después escribir poesías juntos. Tú parecía que querías a una poeta.

En el fondo solo buscabas besos con sabor a verso, y esos sabe darlos cualquiera.


martes, 24 de septiembre de 2013

Lo curioso es que ahora me sabe todo distinto. Como si un mordisco en dirección a mi labio cambiase el curso de las cosas. Tienes ese poder, sí. Tienes ese puto poder de hacer que todo parezca más fácil, y que por momentos mis dedos se conviertan en enredaderas que van bajando por tu pecho hasta pegarse en la espalda. Y sin sonar violento, pero qué viaje.
Me quedaba exhausta cada vez que te hacía el amor y cuando te marchabas el morder la almohada me resultaba amargo, igual que el café sin azúcar que te tomabas cada mañana para salir a quemar el mundo. Ese fuego, era exactamente ese fuego el que me encendía a mí, el que conseguía que cada palmo de tu cuerpo fuese una ecuación de segundo grado que no quería resolver para poder repetir el procedimiento. Una vez, y otra. Antes de conocerte creía que el sexo sin amor era igual que el dolor sin verso: tan banal e insustancial como cualquier vacío que se pudiese llenar con algo de dinero, pero contigo era distinto. No te follaba, o sí lo hacía pero no como lo suele hacer el resto de gente, diciendo te quiero antes o después para que quedase constancia de lo que se estaba llevando a cabo.
A mí me gustaba como me mirabas: como si por cada embestida te dejases un trozo de alma entre mis piernas, y que con tu media sonrisa se acabase toda la mierda: ni crisis, ni currículos rechazados, ni contaminación ni políticos corruptos. Yo era consciente de que todo el mundo mentía pero que no había nada más real que eso. Orgasmos sin azúcar y aún así sabían dulces, pero sin empalagar, porque ya sabías que a mí no me gusta eso. Yo quería amor sin destilar, sin matices ni convenciones. Yo quería estar contigo sin ser tuya, y a ti te enamoraba que fuese de todos y de nadie a la vez. Estaba borracha, sí. Borracha de ira, borracha de tus manos en mis piernas suplicándome una tregua, que querer tan fuerte no podía ser bueno, me decías.

Y ya sé que no, y que todo en exceso no es bueno. Pero me gustaba tenerte en mi cama porque sentía lo mismo que al leer poesía: deseos irrefrenables de sentir bien dentro, en cualquiera de los sentidos. De palpar la ira cuando no sé controlarte por no querer poseerte, de mirar el reloj y cagarme en la puta porque sé que tarde o temprano te vas a tener que marchar.
Y lo sé.
Y lo sabes.
Y también sabemos que el para siempre solo existe en las despedidas, de la mano del hasta nunca. Así que vete. Vete y déjame escribirte otras cien cartas, que así el adiós volverá a saberme dulce y querré dar la bienvenida de nuevo a alguien.

Aunque no sepa hacerme temblar del modo que lo haces tú.


Amor

Amor. 
Amor como escudo. 
Amor como arma de doble filo. 
Amor como calma y amor como tormento. 
Amor como fuego que quema sin doler. 
Amor. 
Amor como error intencionado. 
Amor como convención social o amor como queramos amarnos. 
Amor secreto, amor hablado. 
Amor como miedo y como vía de escape de él.
Amor como motor o como freno. 
Amor como principio y como fin.
Amor inexplicable e incomprensible, como la vida. 

Supongo que los dos están hechos con el mismo cuero, lo complicado es aprender a curtirlo.


Y aquí la masterpiece que me ha inspirado...





"The kiss" Serge Bramly y Jean Coulon

domingo, 15 de septiembre de 2013

¿Y si cambiando el diccionario pudiéramos ser más felices?

Buda decía que somos lo que pensamos, y dándole vueltas al asunto me gustó creer que antes de abrir la boca la mayoría de nosotros habíamos procesado las palabras, y por lo tanto, éramos en parte también lo que decimos.
Las personas parece que hayamos nacido con un afán sobrehumano de necesitar y poseer. Necesitar y poseer cosas, personas, lugares, momentos, gestos, lo que sea con tal de tener esos vocablos en la boca. La cosa es, ¿se han preguntado alguna vez lo que realmente significa "necesitar"? La Real Academia Española define la necesidad como la "Carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida". Partiendo de esa base, cada vez que decimos necesitar algo se supone que nos acercamos a la muerte, porque dicha cosa nos falta y eso nos entristece enormemente, como si al parecer nos quitase un pedazo de vida. 
Si además sumamos a esa "necesititis" la voluntad de poseer para ser, el combo acaba reventando, lo que nos produce inseguridades: inseguridad de que se acabe, inseguridad de perder algo, inseguridad de que eso, él, o ella dejen de ser míos, inseguridad por si no valemos lo suficiente como para ser poseedores de... ¿ansiedad y tristeza?
Ya basta. Estoy cansada de personas amando cosas y poseyéndose entre ellas. Deberíamos empezar a plantearnos nuestra existencia como un ser individual que se posee a sí  mismo: a sus ideas, a su cuerpo, a su voz y a su destino, y que necesita respirar, comer, beber y relacionarse (en cualquiera de los ámbitos que se os pasen por la cabeza) para ser feliz. Y los demás son sencillamente apéndices que contribuyen a elevar todavía más esa felicidad, pero no a completarla, porque ese "yo" ya sería un ser completo solo. Y creo que ahí estaría la magia, en eliminar esos vínculos de duración, dependencia y posesión para poder vivir tranquilos y verdaderamente dar lo mejor de nosotros sin pensar en las consecuencias.

¿Y si borramos de nuestro diccionario interior las palabras "mío", "necesitar" y "para siempre"?



lunes, 9 de septiembre de 2013

Infinito

De niña leí una vez en una revista de adultos (ya sé que no es lo normal, pero es que acostumbraba a leer hasta las etiquetas de las botellas de agua) que cuando uno estaba triste no debía escuchar canciones alegres. Me tomé la norma a rajatabla, y me di cuenta de que realmente funcionaba, que ese arte, al estar hecho con amor yo también era capaz de entenderlo.
El problema llegó cuando me di cuenta de que cada vez más, eran todo canciones tristes: en la radio, en la televisión... todas hablando de lo solo que se sentía uno, de lo mucho que necesitaba a alguien o de todo el bien que le hacía un amor ya muerto que sumaban a la depresión crónica del resto de humanos que se dedicaban a escucharlas.
¿Saben? Estuve muchos años escuchando aquellas letras que no hacían más que recordar lo poco que valía alguien sin el amor ajeno, o el poco sentido que tenía la vida sin él y me di cuenta de lo contagioso que podía llegar a ser ese sentimiento.
Todos buscamos lo mismo. Un amor incondicional, una historia de cuento, hadas revoloteando y solo sentir esa infinidad en nuestra alma. Señoras, señores, permítanme darle una patada a Walt Disney en el culo y decirles algo que todos sabemos, pero ninguno quiere admitir: el "para siempre" no existe. Y no es falta de romanticismo, sino una dosis de realismo en vena, porque el romanticismo va más allá de todo eso.
No son cartas, ni velas, ni una suite en el hotel más caro del mundo. Las cosas más importantes suelen decirse en silencio, y ese es el verdadero romanticismo, entregarle a alguien lo mejor de ti sabiendo que algún día acabará y no por ello tener que frustrarte.
Nos han enseñado los finales como algo negativo, pero forma parte de los inicios nuevos por muy dolorosos que puedan resultarnos. Echar de menos duele, pero estar dispuesto a llenarse de algo más es mucho más satisfactorio, porque al final con quien vivimos es ni más ni menos que con nosotros mismos.



jueves, 29 de agosto de 2013

Sobre cómo borrar un recuerdo

En las películas dicen muchas veces que antes de morir las personas vemos pasar nuestra vida por delante como si fuera una especie de flashback, un minifilm de recuerdos embotados en el último suspiro. Me pregunto cómo debe ser la muerte de cine para alguien con alzheimer. Qué poco esfuerzo, ¿verdad? Nada que borrar, nada que perder...nada.
El resto de humanos sin embargo perdemos el 90% de nuestro tiempo recordando que debemos olvidar -el pasado que nos persigue, el error que cometiste aquel día y todavía no te deja dormir, el amor de verano de hace tres años, lo que dijiste y te llevó a arrepentirte para siempre, lo que no dijiste, lo que dejaste de hacer...- para acabar recordándolo todo en el último minuto. 
Empiezo a pensar que ese memento se nos aparece por el simple hecho de que huimos durante toda nuestra vida de lo que hicimos mal, y la última palabra la tiene siempre el subconsciente. Maldito sea: se apodera de los sueños, doma los miedos y además se permite el lujo de controlarnos.
El otro día lo estuve pensando, y creo que la única manera de deshacerse de todo el ruido que genera es saturándolo. Puede parecer tonto, pero es simple: si llenas un vaso de agua sin parar, se desborda. Si hinchas demasiado un globo, explota. Si te sacias un recuerdo, desaparece.
No hablo de trastornos obsesivo-compulsivos, ni mucho menos, sino de sinceridad. Ejercicio de espejo por vicio, contarnos toda la verdad de golpe y pensar en ello hasta que duela y podamos curarnos.
Y así mueren los recuerdos. Un día de pronto todo vuelve a ti, regresa el pasado lleno de maletas semiabiertas por delante de tus ojos y no sientes más que dolor, un dolor que ni siquiera recordabas porque creías que lo habías dejado atrás. Saludas, y no tiene ni la educación de mirarte. Pasa y da la espalda, no ofrece ni pizca de ayuda. Y cuando estás en el ojo del huracán oyes un adiós a lo lejos, y ves una puerta cerrarse.
"Se ha ido", piensas, entre triste y eufórico. "Por fin podré olvidarlo". Y corres al picaporte para ver qué nueva oportunidad va a llamar al timbre.


Lo que no te contaron era que tenías tres ventanales detrás y un espacio nuevo que llenar con lo que queda por venir.


viernes, 23 de agosto de 2013

Inspiración (I)

Hola hola!:) Dado que lo he visto en varios blogs entradas de este tipo (sé que suele hacerse en los blogs de moda, pero me ha parecido una buena idea trasladarlo a mi terreno) he pensado: ¿por qué no? ¡Y aquí estoy de nuevo!

Dado que últimamente la inspiración se ha olvidado de mí (o yo de ella) y lo que he escrito se ha quedado en la caja, me ha parecido que quizás sería divertido poder enseñaros qué es lo que me inspira (y así podáis ver también mi lado más friki y no tan trascendental). Puede que acabe siendo un post demasiado largo, porque mi facilidad para irme por las ramas es sobrehumana, pero intentaré que sea lo más entretenido posible. Vais a encontrar desde música a vídeos de baile, pasando por poesía, prosa y un largo etcétera de cosas.

Bienvenidos, espero que lo disfrutéis y en breves llegaré con buenas y grandes noticias:) ¡Atentos a la página de Facebook (clic aquí)!


"The earth has music for those who listen" W. Shakespeare


Holocene- Bon Iver



"Dios los crea y ellos se junta", dijo alguien. Yo siempre he creído que al escribir dejaba respirar mis heridas para que entrasen en contacto con las de los demás, y así poder calmarnos mutuamente sin necesidad de juzgarnos, porque en ningún momento hablamos en voz alta. Aquí tenéis algunas de las personas/citas que me han llegado al alma.




"Irte no es suficiente, debes marcharte. Entrena tu corazón como a un perro, cambia las cerraduras de tu casa, la que él nunca visitó. Eres afortunada, una chamaca afortunada. Tienes un departamento a tu tamaño, una bañera llena de té, un corazón del tamaño de toda Arizona, pero no está ni cerquita de estar seco.
No eches pa’ tras tu desafortunado pasado, tus problemas son marionetas de papel maché que hiciste o compraste porque el vendedor del mercado estaba tan terco que tuviste que tenerla. Tuviste que tenerlo. Y lo tuviste. Y ahora derrumbas el puente de tu casa, haces llamadas antes de que él venga, tomas a un amante, a uno que te mire como si fueras mágica. Haces de la primera botella que consumes una reliquia. [...] No pierdas demasiado peso. Las mujeres   estúpidas siempre intentan desaparecer como venganza. Y tú no eres estúpida. Amaste a un hombre con más manos que un desfile de mendigos. Corazón como una cama con dosel. Corazón como un lienzo. Corazón que gotea algo tan fuerte que pueden olerlo desde la calle." Frida Kahlo








"- Creo que te quiero más de lo que debería
+Y eso ¿modifica tus planes?
- No. Simplemente los hace más difíciles." 
              
                     Mario Benedetti
     
On ne voit qu'avec le coeur. L'essentiel est invisible pour les yeux. Le petit prince.

Mi libro preferido con diferencia.


Ah, principito ! así fui comprendiendo poco a poco tu pequeña vida melancólica. Por mucho tiempo no habías tenido por distracción más que la dulzura de las puestas de sol. Me enteré de este nuevo detalle el cuarto día a la mañana, cuando me dijiste:
- Me encantan las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol...
- Pero hay que esperar...
- Esperar qué ?
- Esperar a que se ponga el sol.
Primero pareciste muy sorprendido, y luego te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
- Siempre creo que estoy en casa !
En efecto. Cuando es el mediodía en Estados Unidos, el sol, como todo el mundo sabe, se pone en Francia. Bastaría poder ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol. Lamentablemente, Francia está demasiado alejada. Pero en tu planeta tan pequeño, te alcanzaba con correr tu silla algunos pasos. Y mirabas el crepúsculo cada vez que lo deseabas...
- Un día, vi al sol ponerse cuarenta y tres veces !
Y un poco más tarde agregabas:
- Sabes... cuando se está tan triste a uno le gustan las puestas de sol...
- El día de las cuarenta y tres veces estabas entonces muy triste ? Pero el principito no respondió.

El principito, capítulo VI. Antoine de Saint-Éxupery.


That fire inside- The Big Bench


"Magic becomes art when it has nothing to hide" 

No te importa si te busco
Vuelas libre

y sin jaula


quizás algún día coincidamos en las alturas sin necesidad
de domarnos.


“How you must have suffered getting accustomed to me, my savage, solitary soul, my name that sends them all running.” F. Kahlo.

S O M O S D E C I S I O N E S



Lyle Beniga y Ellen Hooks. Piel de gallina, sin palabras.




Enlace permanente de imagen incrustada

"Eres instante, eres sueño, realidad y coincidencia. Siendo consecuente conmigo mismo, tienes todo lo que merezco y jamás podré tener."

"Not all those who wander are lost" Rob Machado

"Y también sé lo necesario que es en la vida no ser fuerte, sino sentirse fuerte." Into the Wild

"Me he tomado también tu taza de café. Ya casi no tengo azúcar, pero me acordé que a ti te gusta amargo. Sabe muy feo. Como esta soledad. Como este estar deseándote a todas horas." Jaime Sabines

---------------------------------------------------------------------------------------


''Debes quedarte con una pequeña ascua, chispa y nunca se la des a nadie, porqué mientras conserves esa chispa podrás encender de nuevo el fuego mas grande'' Charles Bukowski

Supongo que todo lo que acabáis de ver va alimentando esa chispa que, quizás algún día, reavive grandes fuegos. Me despido aquí, muchas gracias por leerme siempre y por el apoyo que recibo.

Gracias de verdad:)

Ane.





domingo, 28 de julio de 2013

Se busca poeta

para dormir abrazados y a media noche ver que sigue en vela,
con medio ojo abierto,
intentando llenar la parte del vaso que le queda con los milímetros de mi piel.

Se busca poeta
para compartir latidos,
y respiraciones,
y ante todo faltas de aire.
Se busca en especial para compartir un suspiro.
O dos, mientras me pierdo entre sus brazos,
o sus ojos,
o sus manos,
o en la certeza de que en su mente esas caricias ya son verso,
y convertirlas yo en beso hasta que se olvide.

Se busca poeta
por eso que dicen de que se enamoran rápido
por eso de que creen en "para siempre".

Yo busco un poeta
no de los que regalen flores,
ni me traigan orquestas a casa.
Quiero un poeta para enamorarme,
y a partir de allí, ya buscaré lo que quiera.

jueves, 11 de julio de 2013

Busco





luz
o falta de
aire
vida
mares
de dudas
o calma.
Cama
amor
a puñados 
abrazos
mío.

Libertad
paz
orgasmos
escondidos
alcohol
fuera.

Te
me
busco.

lunes, 1 de julio de 2013

Triste soliloquio

Yo creo que el problema está en que al final se limita todo a segundos amores. Segundas primeras citas, segundos primeros besos, segundos descubrimientos de universos infinitos en cuerpos ajenos...y yo no quiero eso, tío. Yo no quiero eso. Y sí, está guay que la gente te diga que no, que te puedes volver a enamorar, que encontrarás a alguien que conseguirá que vuelvas a sentir lo mismo e incluso cosas más fuertes...pero no es real, no se puede, porque el primero se ha quedado tu inocencia. Y tú te reirás y me dirás que es mentira mientras inclinas la cabeza. ¿Sabes lo que te estarás preguntando? Que cuándo fue la última vez que sentiste eso por primera vez, y todo te llevará al mismo bucle, y a la misma persona. Dime lo que quieras o trátame de loco, pero sabes que tengo razón. Una broma pierde la gracia a medida que la repites, y empiezo a creer que con el amor pasa exactamente lo mismo.

sábado, 22 de junio de 2013

Big bang

Todo lo dicho era meramente insustancial.
A veces, la cabeza y las tripas entran en conflicto por culpa del miedo y hablamos del revés. Me di cuenta entonces de que con algunas personas por mucho que se diga y se exponga en voz alta, se acaba encontrando la verdad en los momentos en que está callada por lo que me contaba su sonrisa o la manera de mirar. Eso era conocer a alguien, abrir los ojos bien cada vez que el otro andaba y prestar atención a cada uno de sus pasos cuando no estaba pensando, dándote cuenta de que todo lo que creías no saber lo tenías justo delante, y que hay cosas que por mucho que intentemos, no se pueden explicar.
Nos empeñamos en preguntar continuamente para que se nos haga saber y así poder decidir tranquilos, aunque siempre llega el día. El día en que se han dicho tantas cosas que optas por quedarte callado y de pronto una mirada se cruza. Se introduce en ti, te hace temblar y te asusta, y sin embargo y a pesar de todo ello ves que las cosas empiezan a cobrar sentido porque sin querer, dos universos distintos han chocado y eres capaz de comprender esa simbiosis.
Y justo cuando te das el golpe, en ese preciso instante de vértigo, te das cuenta de que en la vida es mucho más importante encontrar personas con quien compartir silencios, y no palabras.


martes, 4 de junio de 2013

L'essentiel

Siempre andaba con la cabeza gacha y, sus ojos, más que azules, a veces se me hacían grises. Gris, esa era la palabra. Era gris. Cuando le preguntabas por qué no sabía darte motivos; simplemente que le faltaban ganas, o que no se veía capaz. Yo me preguntaba a menudo qué era lo que podía llevarle a ese estado de desánimo continuo y de roto permanente. Creo que nunca se molestó en buscarle color a lo que le rodeaba. La mayoría de veces no necesitamos grandes cosas; es más, yo creo que nos basta con lo mínimo. Un abrazo que te abra el alma de par en par, la sonrisa de un niño en el tren, contemplar la belleza del paisaje que pasa cada día por delante de tus ojos al que no prestas atención. El aire caliente en la cara, un escalofrío, o una tormenta de verano acompaña de café y un buen libro. El contacto de los pies al rozar el parqué al descalzarse, una canción que no esperabas escuchar, el color del atardecer  y el olor del mar. La sensación de haber aprendido, quedarse cinco minutos más remoloneándose en la cama, dos versos de Neruda que te hacen creer de nuevo en el amor. Un orgasmo, un beso en el espejo, el pintalabios rojo de vez en cuando. Ver a alguien querido después de mucho tiempo, conocer a una persona universo, expandir el universo propio. Reír hasta que duela el estómago, llorar cuando hace falta a lágrima viva, sanar heridas. Encontrar nuevas pasiones, pensar, pensar mucho y sentir más. Sentirte comprendido, sentirte comprendido y querido por ti mismo. Cerrar los ojos para ver, soñar despierto, amarte mucho y muy bien.

Y sobretodo asumir que el arma para ser felices lleva nuestro nombre y apellido y tiene fuerza para todo, porque todo está en ella aunque no se pueda ver. Para las alegrías, las penas y los sueños frustrados. Aunque nadie crea en ello, hoy yo sí voy a hacerlo en ti.

No te rindas.


 

jueves, 30 de mayo de 2013

Querida persona universo

Y de pronto estás ahí, como siempre, sentado mirándome buscando una respuesta. Yo me acerco lentamente a ti, porque necesito que me hagas la pregunta. Ya sé lo que va a pasar, y no es la primera vez. Tú, yo, cerca, con muchas horas por delante. Es inminente. 
La conversación empieza con un clásico "Hola, ¿qué tal?", porque también nos gusta romper el hielo y contarnos a qué hemos dedicado nuestro tiempo. 
Y de pronto, sucede todo. Sin saber cómo ni por qué, te abres como un universo y me absorbes como si fueses una especie de agujero negro para introducirme en una de tus galaxias. "¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti?" me digo a mi misma; que nunca sacias mi instinto de explorarte. Me introduzco en el corazón de una de tus nebulosas y soy capaz de quedarme una hora indagando sobre ella, mientras contemplo la siguiente constelación a la que voy a ir. Leo todas las inscripciones y escucho la música atentamente mientras la bailo, y siento que no quiero marcharme. Me gusta flotar en tu atmósfera. 
Mientras tanto con los ojos voy repasando la curva de tu sonrisa, que me quita el sueño y me deja seguir la ronda.  Sin dificultades entras por mis ojos y cruzas los laberintos, me quitas despacio las armaduras y me dejas acostumbrarme al frío. Nos arrancamos el reloj de cuajo, y entendemos que nos llevaría todo el tiempo del mundo descubrir lo que esconde cada rincón, así que nos vamos preparando por si es para toda la vida.  
La verdad es que es cansado lo de indagar continuamente, pero eso no importa. No importa porque da igual los años luz a los que estén nuestras fuentes de energía, o lo distintas que sean nuestras galaxias. Entrar en ti es el combustible para motivarme y tener la certeza de que aunque creamos que no, tarde o temprano encontramos a personas que sin quererlo nosotros mismos nos abren las puertas del alma y se introducen en ella compartiendo lo vital, reventando a los miedos y diciéndonos que merece la pena. 

...a veces me pregunto si el big bang nació al conocerse dos personas universo.



Diálogo absurdo

- Me he vuelto alérgico a la gente. Sí, puede sonar extraño, pero yo no he decidido como avanzaba la cosa. A mis cuarenta años, y fíjate, será verdad lo de que a medida que envejeces es más fácil enfermar. Además, déjame que te cuente, no soy un alérgico convencional,de los que se alejan del problema o toman antiestamínicos. A diferencia de estos primeros, yo puedo convivir con la causa de mi tormento, de hecho lo hago cada día. Seguramente pensarás que estoy como una puta cabra, y puede que no te falte razón. Pero es que esto lo han creado los años, compañero, no me he levantado hoy con el día cruzado.
Me empecé a dar cuenta de mi problema cuando vi que de tanto repartir, se me había olvidado en qué armarios de las casas ajenas había dejado el amor, y se me había acabado todo. Probablemente lo metí en el bote que ponía "para siempre", y ellos mismos se encargaron de tirarlo a la basura cuando salí por la puerta. Intenté recuperarlo, pero nada. Ni rastro en ningún sitio. Fue entonces cuando vi que era alérgico; no porque las personas me creasen rechazo, sino porque era incapaz de quererlas. Era así de simple, una enfermedad de cero dependencia. No te mentíré, al principio lo pasé mal. Era un poco frustrante pensar que no volvería a entender un abrazo, un beso, o que no sabría diferenciar entre follar y hacer el amor, aunque con el tiempo también logré acostumbrarme a ello. Los primeros síntomas fueron la apatía, el desinterés, la incredulidad y el desencanto general, aunque no me pienses ahora como un ser triste, que he encontrado mis métodos para contentarme yo solo.

- Tu despecho habla por ti, y es más gris que las nubes de arriba. Eso es imposible. Puedes decirme que no has encontrado a nadie que sepa motivarte, pero eso de la alergia... vamos, cuéntaselo a otro.

- Todos reaccionáis así, porque nunca tenéis valor de dar el cien en todo lo que vais haciendo. Siempre os queda algo por cobardía, no porque sea infinito. Y si no acabas de creerme, pruébalo. Entrégate. Solo necesitas un primer amor fallido, un par de amistades traidoras y algo de cuero en la piel para que pueda curtirse.


viernes, 24 de mayo de 2013

Desde las alturas

El grito ensordecedor de aquella ciudad en llamas me abrazaba y me llenaba la cabeza de interrogantes. De pronto todas las formas que de día obviábamos desaparecían en la penumbra dejando ver tímidamente su silueta y en un segundo se volvían fascinantes. Se encendían lámparas en las cocinas y se apagaban lentamente las farolas, creando ese espectáculo de sombras chinas. Entonces empecé a preguntarme si todas aquellas luces estaban encendidas por algún motivo, o si aquellos que lo habían hecho querían decirme algo. Me gusta pensar que sí, que esas pequeñas luciérnagas en la distancia lanzaban algún tipo de mensaje a la nada mientras yo, con las manos frías me dedicaba a a escuchar el silencio y a buscar nuevos rincones en los que poner a correr a mis sueños.
Era maravilloso emplear tanto tiempo observando algo que había visto tantas veces, y sin embargo tenía la capacidad de maravillarme con sus propios detalles. Entonces un pensamiento inundó mi mente por completo y me hizo agachar la cabeza; tenía las mismas vistas todos los días, y sin embargo, hasta que no se apagaba la luz no me daba cuenta de cuanto me gustaba aquel lugar. Entristecí rápidamente, porque me di cuenta de que a veces, los seres humanos también actuamos así. Dejamos la luz encendida siempre, tanto que al final nos acostumbramos a la ceguera que provoca y después no nos molestamos en buscar el interruptor.

Y no quise. Me aterró la idea de pensar que quizás tenía varios focos encendidos, y que muy probablemente muchos otros lo tenían encendido hacia mí. Así que me quedé en la azotea disfrutando de las alturas, y dándome cuenta de que a veces es mejor apagar la luz un minuto que perderla para siempre.


Porque nadie se merece que necesiten perderlo para saber que algún día lo encontraron.




viernes, 10 de mayo de 2013

Wertgonya


Lo cierto es que este blog es bastante narcisista; mis sentimientos, mis fotos, mis, mis, mis…así que hoy haré una excepción y hablaré de algo que nos preocupa a muchos (eso sí, como siempre, desde mi punto de vista, para no perder las costumbres).

Bien, lo primero de todo es decir que lo voy a escribir en español, para que no se me catalogue de preferencias ideológicas por h o por b, y porque es mi lengua madre. Dicho esto, allá voy:

Llegué en junio del 2003 a la edad de 8 años a Sant Andreu de Llavaneres (Barcelona)  desde Burgos (ea, buscadme un sitio que no sea Madrid y sean tan españoles como allí) sin saber decir una palabra en catalán. Mis padres nos buscaron a mi hermana y a mí una profesora particular para aprender la lengua, y nos escolarizaron en un centro público dónde, obviamente, en excepción de la asignatura de lengua castellana todo lo que cursaba era en catalán. El único trato especial que recibí fue por parte de mis compañeros, quienes al empezar a hablarme en español cogieron la costumbre y siguieron haciéndolo (en excepción de algunos con los que acabamos cambiando). El resto de gente (profesores, e incluso padres de mis amigos) me hablaban en catalán con absoluta naturalidad, y yo lo recibía de manera positiva, no como una especie de sometimiento. La regla era fácil: yo tenía la oportunidad y el privilegio de dominar dos idiomas, dos lenguas, y de pensar, sentir, y educarme en cualquiera de las dos, sin suponerme un problema de ningún tipo. Al contrario: me enriquecía.

Hoy por hoy, he pasado el mismo número de años en Castilla y León que en Cataluña (siendo vasca, para reventar el combo). Domino por igual la lengua española como la catalana, y ¿saben qué creo? Que deberíamos observar el tema de la inmersión lingüística como la niña de nueve años que llegó aquí sin tener ni idea, pero con ganas de aprender.

Puede que Cataluña no sea un país, pero tiene una cultura propia preciosa (y no entraré en comparaciones con la española, porque todo esto es un mero hecho subjetivo y es asunto de cada uno), y dentro de ella está su lengua. Me parece vergonzoso que por orgullo y patriotismo se esté llegando a este tipo de extremos, en el que a la gente llega a cegarles tanto su dogma que dejan de valorar lo que verdaderamente puede enriquecerles. Empezando por el hecho de que los niños bilingües son más veloces mentalmente y acabando por el poder escoger en qué expresarse. Mi pregunta es, finalmente ¿por qué sustituir algo que nos hace bien, y no impide el conocimiento de otra lengua? Y, ¿Dónde está el problema de que la escolarización en Cataluña, sea en catalán? O, quizás ¿Dónde está el problema de que su hijo o usted aprendan?

Así que si pudiese decirle algo ahora mismo a todos esos ladrones que se dedican a chupar de nuestros bolsillos y a llevarnos a la ruina mientras viajan en primera clase y luego hablan de crisis, sería que dejasen de hacer leyes absurdas a favor del odio y el egoísmo de unos cuantos. Sabemos que lo robáis todo, pero no seáis avariciosos, que la riqueza cultural está para compartirla –al igual que nuestro dinero, por si no entendéis el concepto.

I, si us plau, deixeu de fer-me pasar Wertgonya, que ja vam tenir prou amb Franco.

sábado, 20 de abril de 2013

Sentimos las cosas mal, y tengo la explicación científica.

Las personas hablamos siempre de la necesidad de olvidar y de pasar página, de "superar" problemas. La vida no es un libro del cual se pueden arrancar las páginas, ni una carrera de obstáculos en la cual se destruye el suelo por donde pisamos, y va siendo hora de que nos demos cuenta. Perdemos demasiado tiempo sobreanalizando los pasos que dimos, y en qué punto fuimos culpables para arrepentirnos más tarde.
Nuestro único objetivo es seleccionar y eliminar recuerdos, de modo que cuando inspeccionemos el armario de nuestra conciencia podamos respirar tranquilos. Pero siempre llega la noche, y a esas horas es curioso como comprendemos los códigos del corazón incluso sin llevarlos dentro -o eso creemos. Una cita, una imagen, melodías rotas -y también enteras-, cualquier opción es buena para volver a ello. 
Ahí viene la parte en que nos sentimos débiles, incluso lloramos. Afloran nidos de mariposas en nuestros estómagos y nos preguntamos por qué, si nosotros ya habíamos dejado eso atrás.
No hay detrás, ni delante. Y eso nos frustra. Creo firmemente que sentimos las cosas mal, y creo que tengo la explicación científica de ello.
Puede que sea cierto que todo es energía, y que ésta solo pueda traducirse al amor como núcleo -ni Dioses, ni partículas- de nacimiento de todo lo que la gente busca: para odiar se requiere amor previo. Para hacer se requiere un querer hacer.Para amar, se requiere amor. Imagino que es allí donde nace la indestrucción de éste... ni se crea, ni se destruye...
...solo se transforma. 

domingo, 14 de abril de 2013

No la pena

Por mucho que intentemos convencernos a nosotros mismos de que no, los finales ya están escritos, y no podemos cambiar el curso de las cosas.
Sí es cierto que a veces las intenciones son gratas, incluso sinceras. Somos tan valientes que hasta prometemos sin pensar -ni siquiera en las cicatrices que ello puede dejar en la piel de nuestra alma en algún futuro incierto, que parece que no llegará nunca.
Pero llega. Sí, lo hace. Y lo digo sin nostalgia de lo que esperábamos que fuese; pueden llamarme conformista.
¿Saben? Es una mierda. Nos dedicamos a hacer hipótesis y planes y dejamos de fluir sobre nosotros mismos cuando esa debería ser la única tarea pendiente, pero no echamos de menos antes de perder, cuando es lo único que estamos haciendo. Aunque, en realidad, eso me gusta creer que no es del todo malo.
Tras saltar un gran abismo que nos creíamos incapaces, de pronto tenemos la certeza de que podemos con todo. En ese momento, cuando entendemos que todo se pasa, nos hacemos un poquito más mayores. Comprendemos que no hay nada ni nadie imprescindible, pero también que hay personas que multiplican nuestra felicidad exponencialmente y por eso las cuidaremos más que antes -y la primera es uno mismo. Cuando prefieres perder a alguien que perderte a ti , incluso si el primer factor implica volver a preguntarte por tu fuerza, entonces, en ese instante -en que los envidiosos te llamarán egoísta, los aburridos te señalarán con el dedo y los que te quieren te harán quererlos todavía más- puede que realmente hayas encontrado un caminito hacia ti mismo.

Muy probablemente todo lo que diga no esté fundamentado más que en un par de cicatrices que da miedo enseñar, pero si tengo la certeza de algo es de que tarde o temprano las heridas dejan de doler, las canciones dejan de sonar, de que la sopa se enfría y los trenes pasan sin esperar a que llegues. Por eso creo que es tan importante olvidarnos por un segundo de lo que deberíamos ser, y empezar a ser lo que queremos.
Porque como bien dijo alguien un día, hay que quedarse con lo que vale la alegría, no la pena.

martes, 19 de marzo de 2013

Lo que nunca me atreví a decirte

Al fin y al cabo, el rencor no sirve de nada. Aunque haya dolido y no acostumbremos a ello, sigamos usando palabras bonitas. Gracias. Sí, démonos las gracias. Por las sonrisas, algún que otro abrazo y la infinidad de cosas que llegamos a sentir. Las tardes infinitas de domingo que volaban sobe mi cama y la sensación de un verano que no quería acabarse. También por la soledad y el permitirnos echarnos de menos para encontrarnos más tarde. Por los errores y las lecciones, y permíteme también pedir perdón, incluso si parece cobarde ahora.

Perdón por si alguna vez no estuve a la altura, no supe dar lo que debía, o por mi cabezonería innata en según qué cosas. Lo siento si fui egoísta en algún momento, o si te hice daño sin querer. Aunque eso ya no importa. Llegados a este punto las disculpas tienen el mismo precio que el de las lágrimas o el de los suspiros: nada, y la nada me sabe a poco. Podría decir “te quise”, incluso el “te quiero” seguiría funcionando. Sí, mira. Te quiero. No te ofendas ni te asustes al leerlo, que no voy a ponerte cuerdas. Y por la misma línea sigo:

 Qué feliz me has hecho. Cuánto caos, cuánta calma. Qué albergue tan cómodo tu pecho para corazones sin miedo al dolor, y qué rápido se hacía de noche cuando soñábamos despiertos durante toda la tarde. Y eso sí que importa ahora, porque a pesar de todos los llantos puedo recordarte y sonreír. Recrearte, recrearnos, y no querer eliminar la historia. Demostrar que lo que bien empieza también es capaz de acabar, pero no tan mal como Murphy lo hubiese querido. Porque fuiste y serás siempre mi primer pretérito perfecto de indicativo, pero también mi afirmación del presente y una gran lección.
Al fin y al cabo, tú.

lunes, 18 de marzo de 2013

Carretera mediante

Bienvenidos :)
Hoy, como ya he dicho en Facebook, el texto no es mío. La maravilla que tenéis a continuación ha llegado a mí por casualidad, y con ese punto absurdo de todo lo que echas de menos y todavía no habías sido capaz de conocer. La persona que me ha dejado leerlo no ha querido compartirlo personalmente por h o por b, pero los dos hemos considerado -especialmente yo- que ésto merecía convertirse en suspiros dentro de vuestros pulmones y no en polvo de estantería o "aquello que nunca dije". Así que agarráos fuerte, porque sale de dentro, dentro, dentro... justo de ese lugar que nadie sabe donde queda exactamente, pero asusta mostrar a los demás. Así que un aplauso al valiente, y feliz viaje.


"Pessoa decía que todas las cartas de amor son ridículas; supongo que esta no va a ser menos. No sé si es ridículo decir que me he aprendido de memoria el relieve de tus nudillos bajo las yemas de mis dedos, o que me desvivo por tu mirada, esa que queda vetada a cruzarse con la mía cuando estamos rodeados de comunes, o que mi rotunda verdad eres tú. Se supone que tendría que asustarme el decir ciertas frases, ¿no?, o al menos el hecho de sentirlas. Pero tengo el miedo tan olvidado que ya ni siquiera recuerdo los precipicios de los que tanto te hablaba en otoño. Ni las dudas.

            Me he dejado llevar por ti. Me hablas de historias que ni siquiera se han escrito todavía, haciendo caso omiso del prometido ''No hacer planes'', haciendo que paradójicamente las eche de menos, y las desee. Fue duro al principio: te costó sudor y horas de palabrería que en muchas ocasiones rozaban el sinsentido. Pero ahora cuentas con la capacidad de absorber hasta mi último pensamiento (tengo infundadas sospechas de que mediante alguna técnica aprendida en tu apadrinado Báltico). Te aseguro que ese don –y permíteme hacerle alusión de esta manera– no lo recordaré de mala gana: perfecta simbiosis en confianza, complicidad y bienestar. Te me has ganado a bocados gigantescos, figurada y literalmente. Con una sonrisa en los labios (por, a veces, tener cerca los tuyos), afirmo que tanta piel de gallina se me escapa de las manos. Lo censurable es que esto último sea literal durante períodos de tiempo inconcebibles.



            Pessoa decía que las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas. Ridículo es que antes pensara que lo más cerca que se puede estar de una persona es viendo el propio reflejo en su mirada, ¿sabes?, pero el vivirte me ha enseñado que lo más cerca que se puede estar de alguien es teniéndole bajo la piel. Y que te haga latir, aunque sea con descontrol. Eso no importa. Lo más cerca que se puede estar de una persona es diciéndole (sin saber si se están acertando con las palabras, eso tampoco importa) que la felicidad es algo así como no querer estar en ninguna otra parte. Y saber que es verdad.

            Generalmente no me gusta culpar a la distancia por aquello que no alcanzo, por los abrazos que no doy, por los "Te necesito" que no pronuncio. Siempre intenté convencerme de que los kilómetros se inventan, que no laten en la piel; y me repetía que echar de menos es de cobardes, que tú y yo tenemos algo que excede todo lo mundano, que es más especial que los números, las cifras e incluso las palabras. Dejé de temer que el no tenernos cerca nos dejaría tiritando y aprendí que con miradas también se puede hacer el amor. Sé que hemos dado mil pasos hacia delante desde aquella fría mañana de octubre, cuando aún no sabíamos que hay silencios que hablan y que las estrellas lo saben todo. La casualidad, nuestra mágica casualidad, trenzó esos resúmenes de vida que hoy improvisamos. Y ahora no quiero ni imaginar cuánto habría perdido si no nos hubiéramos tropezado. Mi dependencia decidió esconderse en el abrigo de una esperanza renovada.



            Pessoa decía que todas las palabras esdrújulas, como los sentimientos esdrújulos, son naturalmente ridículas. Y yo digo que sí, que se me escapa el sentido a borbotones con que tan solo un resquicio de tu ser se aparezca en mitad de mi mente. Pero hasta aquí el seguir pensando que esto lo sentirían mis células una sola vez, hasta aquí el seguir pensando que el sacrificio es la base de todo uno más uno.

            No me echaré nada en cara, tampoco a ti ni a mi ya querida distancia. Nos tengo en demasiada estima. Y es que, ¿sabes?: también somos lo que hemos perdido; las cicatrices siempre recordarán que el pasado fue real. Quizá una última confesión: aprendí a recordar tu olor y lo seguiré utilizando para dormir mejor, tan solo durante un tiempo, con tu permiso. Será la última huella ­–tu última huella– para continuar sobreviviendo (exacto: ya no me asustan los gerundios; me lanzo al fantástico vértigo de saberme capaz de volver a toparme con otro alguien –porque es posible, porque hay que dejarse vivir­–, de llegarme a ver con que todo lo que quede fuera del límite de mis brazos al rodearle me importe bien poco, con que estemos en una espiral, con que formemos el plural más precioso de la Historia, con que nos encontremos… Sin miedo, sin descanso, sin control)."


 
JML.