miércoles, 12 de marzo de 2014

Entre líneas

Sería por tu manera de callarte, o de decirlo todo y  a la vez no decir nada en absoluto.Tú. Tus puntos suspensivos y la sinalefa entre ellos, acompañada por esa sonrisa de cada vez que te quedabas callado y a mí me hacía sentir tan cómoda.
Me recreabas aquella escena de Pulp Fiction en que Uma Thurman le decía a Travolta aquello de "sabes que has encontrado a alguien especial cuando puedes estar callado durante un puto minuto y compartir el silencio".Y lo había encontrado.Te había encontrado y eso solo podía significar que yo empezaría a escribir para que no se ahogasen tus aullidos en la nada, o que mi nada se llenaría de todos los gritos que ignoraba por pura verborrea.

Eso también me gustaba de ti. Tu sutileza. Tu manera de entenderme sin siquiera abrir la boca y la capacidad de calmar mi manía de tenerla siempre abierta. Tu enseñarme a soñar sin bostezos y resolver todas las ecuaciones con letras porque los números no se nos dan bien a ninguno de los dos.
Siempre llego tarde, o se me olvida la medida exacta de la distancia prudencial. Los únicos cuartos que controlo son en los que te he tenido en la cama y no sé oír hablar de fracciones. Me sobran los segundos de cualquier hora, y los primeros también si en algún lugar vas a estar tú.

Tú. Tus puntos suspensivos y todas las historias que se han escrito sobre ellos.
Aunque se ensucien con palabras.
...
los míos hoy quieren que te quedes conmigo.
Y creo recordar que el factor de la orden siempre altera al producto.

domingo, 9 de febrero de 2014

Qué bien me sientas

No te imaginas cuanto me aburren los domingos sin contar lunares en tu espalda. Me he comprado un mapa astral y ni con esas; parece mentira que incluso a oscuras pudieses tener tanta luz –o yo tantas ganas de convertirte en luciérnaga aunque no fuese así. Ya sabes que me asusta la oscuridad y me encantan las excusas. Como pedirte en voz baja después de hacerme la dura que te quedes diez minutos más, y tu cara en el espejo a las seis de la mañana, con los ojos a medio abrir y la sonrisa ya puesta. Qué bien te sienta que te quiera a ratos. Y a mí que me desordenes la vida.

Me pido para siempre matarte de hambre en los desayunos a besos, y el ser la envidia del mundo por recibir todos los tuyos. A eso siempre te dejaré que ganes, porque no soy lo suficientemente cabezota como para negarme a ello. Te prometo que para mantenerlo trataré cada segundo de hacerlo tan especial como pueda. Gritar más en silencio y hablar más con los ojos aunque tú no lo entiendas, pero seas capaz de sentirlo y a mí con eso me valga – porque sé que descifrar esos jeroglíficos es la excusa perfecta para que te quedes un día más. Escribir poesías sobre el compás al que se mueve tu pecho y bailar un vals con cada aliento. Y no contártelo nunca, pero decirte mientras duermes que eres la historia más bonita que podría haber escrito con los pies. Y que tú al saberlo sonrías. Qué bien te sienta (que te quiera a ratos). Y a mí que me desordenes la vida.

Que me valgas todos los días incluso ganando peso y que la única costura que tenga valor de destrozarse sea la de la comisura de nuestros labios de tanto reírnos. En el fondo es buena idea, yo sé remendarlas a besos. Tener para siempre como comodín en los días malos reordenar los puntos cardinales de tu cuerpo para no perder jamás el norte y que tú midas centímetro a centímetro mis piernas cada vez que creo no estar a la altura.  Qué bien te sienta que te quiera a ratos. Y a mí que me desordenes la vida.


Qué bien me sientas.

domingo, 2 de febrero de 2014

Febrero (II)

Te miro a los ojos y me das tan poco miedo que me asusta la posibilidad de haber llenado este hueco de mí, tan vacío de ti incluso teniéndote al lado.
Ya te esperaba -o mejor dicho, te he estado desesperando si es que eso significa rezar porque no volvieses- aunque no creía que fueses a aparecer tan pronto ni a ponerte tan guapo. Llegas con flores violetas y ya te sientas dejándome de regalo el primer domingo -y esta vez estás más generoso que nunca, al parecer- sabiendo que no podía salir de casa.
Hemos cambiado bastante desde la última vez que nos vimos. Tú tan frío como de costumbre y yo al parecer más cómoda, para que cojas confianza, que estar escondido en el roto de mi falda no me salva de tener que enfrentarme a ti. Ahora me río, porque en el fondo fuiste una buena excusa para cambiarle el nombre a todos mis miedos y mirar hacia otro lado aunque luego yo cayese en la misma dirección. Posiblemente por eso estemos distintos -y ya no distantes; mi rosa de los vientos ha encontrado el norte, tú has llegado porque tenías que llegar, y yo ya no te busco un sentido.

Puede que en realidad eso sí me de algo de miedo. El perder una musa y quizás así una causa de poder contar otra vez lo de las flores, o de perderme a mí, de nuevo, entre un millón de palabras. Aunque no lo creo. No necesitas disfraz de heroína para tener un millón de yonkis, aunque sé que con esta te basta por la cantidad de folios que llena.

No sabía decirte con certeza si te he echado de menos, aunque ahora que estás aquí de nuevo colándote entre mis costillas me reconforta. El haberme acostumbrado ya a tu aliento en la nuca al despertarme, o cómo bailas entre mi pelo cada mañana al saludarte. Sí tenía ganas de que volvieses, pero solo por saber que me había desnudado las ocasiones suficientes como para que cuando me dieses la mano no fueras capaz de congelarme. Y si es cuestión de música ya ni siquiera nos tocamos. Aunque en el fondo es una suerte; siempre terminábamos hundidos.

Bienvenido, febrero, llevaba tiempo esperándote.

domingo, 19 de enero de 2014

If you

No puedo ofrecerte mucho más de lo que la vida en sí ha dejado en tus manos.
No puedo pedirte que te quedes, ni que des más de lo que eres capaz de tener a una poeta desalmada con un baremo de tragedias que no caben ya en taberna alguna.

Solo tengo para darte un colchón sin mantas en el que tumbarte a ver el techo, y con suerte tú tendrás más magia que yo y encontrarás el modo de pintarle estrellas sin mover un dedo. Puedes venir cuando quieras. Yo te espero.

Pero,
si desesperas en algún momento,
puedes volver aquí a negar el mundo aunque haga frío.
Y,
juntos,
inventar también el modo de hacer arder a fuego lento
las cenizas que alguien pudo olvidar entre estas cuatro paredes,
y si no las encontramos
tener la excusa perfecta para viajar a Marte en mis brazos.
Podríamos llegar allí
sin más excusas ni pretextos
que volver a tumbarnos en otro colchón
mirarnos a los ojos
como si la muerte fuese solo un juego,
y reírnos del resto de mortales
por no saber que el hambre y la sed
se calman también a besos.

Pero,
sobretodo,
y sin sentirte tú obligado,
cuando desistas de tu lucha debes saber que
sigo aquí,  tumbada en el mismo sitio observando la nada.
Es cómoda pero fría, como el primer lunes de enero,
está vacía como un tren sin pasajeros,
está rota.
Como ese cigarro que dejé a medias por si te apetecía fumar.


Pero nunca volviste.

jueves, 16 de enero de 2014

Y la vida a risa

Fue divertido comprender
que los silencios también ríen
los ríos saltan sus presas
y que a mí se me ha olvidado la prisa
por encontrar un reloj esta noche.

Al igual que me olvidé de entender
que bajo el filo de tus sábanas
la noche se hacía más corta
y las faldas desaparecían
sin dar explicaciones al dueño.

Quizás es mejor así.
Despertar con el sol en la cara
y tu aliento en mi espalda dándome los buenos días
ahorrándote el princesa
para cuentos con finales felices.

Fue divertido comprender
que tú entendías también mi concepto de centro.
El no buscar el mañana
porque ya nos encuentra hoy
y entonces jugar tú los ases
para yo beberme el de copas
antes de que te marches.

Y tomarme el alcohol sin olvido
y la vida a risa,
la poesía a litros
y un par de rayas de nostalgia.
Porque puede que en el fondo
sea lo único que me salve.




domingo, 12 de enero de 2014

(No)stalgia


Y aquí estoy otra vez; a tres años luz de tus manos y a tres copas de añejo de que el asunto se vaya de las mías, pero sin dramas. Ambos sabemos que cuando el asunto se desborda me sobra fuerza en los brazos para mantener la compostura. Aunque en tu cama era más divertido. Sí, digo era porque a mis recuerdos se les ha olvidado el olor de tu piel a las tres de la mañana de un domingo cualquiera en que mi cigarro y yo te mirábamos atónitos mientras yo hacía esfuerzos sobrehumanos por no despertarte y decirte que me daba miedo volver a ser una romántica –por eso de que, si te ibas, serías para siempre mi mayor causa perdida-, y no sé si es por las copas de más o de menos, pero todavía se acuerdan de ti y tu manera de olvidarme.
Me dijiste una vez que solo merecía la pena robar lo que jamás podrá ser devuelto, y aquello fue un apagón en toda regla, porque al irte te llevaste mi luz y ni siquiera me di cuenta de que yo sola fundí los plomos al sangrarles encima. Y ya no queríamos ni tocarnos, ni tan siquiera hundirnos o ahogarnos para encontrar excusas a un punto y aparte que aun a oscuras y con desperfectos parecía tener complejo de estado y quería hacernos pagar las facturas.
Y encima me piden que sea fuerte, cuando todos saben de mi colección de flojeras y lo mismo sin “fl”, de tantas noches despierta buscando soluciones. Pero las matemáticas tampoco eran lo mío, así que decidí dejar de pensarte como un problema para pasar a dibujarte en forma de poema, así al menos el dolerme se hacía algo menos feo y por un instante todo lo que echaba de menos volvía a mí, aunque solo fuese por un segundo.


Puede que el equilibrio también entienda de diagonales, y no solo de líneas rectas.

miércoles, 1 de enero de 2014

Un plan para empezar

Podría empezar por decir que tengo un plan para empezar y me apasionan los principios -porque al fin y al cabo es lo que se debe hacer un día como hoy. Pero, a decir verdad, hace tiempo que empecé, y puede que por eso sea que no encuentre ilusión en el trance.
El día uno. Apreciado y odiado por todos -porque, al fin y al cabo, los otros trescientos sesenta y cuatro nos los pasamos esperando a encontrar una oportunidad para acabar con el dichoso bloc de notas y volver a empezarlo.
Así que dadas las circunstancias, me apetecía compartir con vosotros algo. Ahí va mi propuesta de año nuevo -si se le puede llamar así-, la que encontré por casualidad en un lugar que consigue que jamás me sienta sola: yo misma. Es tan simple y tan complicado como suprimir el número de los días del calendario -no digo que tengáis que deshaceros de vuestras agendas personales y quemarlas ni perder la noción del tiempo, aunque si os apetece seguro que también funciona. Ser día uno todos los días.
Es gracioso, en estos momentos parece que alguien universalizó una excusa para que la gente empezase a considerar su vida y realizase algún tipo de cambio a mejor, porque todos sabemos que en enero los astros se alinean especialmente para que las personas tengamos toda la fuerza del mundo y cumplamos nuestros sueños (era así, ¿no?). No. No esperéis al lunes. No esperéis al mes que viene. No esperéis a que se acabe nada porque puede que ni tan solo os de tiempo a empezarlo. Así que coged esos propósitos y guardadlos en un bolsillo con un filtro que deje pasar aquellos que no acabáis de desear con todas las fuerzas de vuestra alma y haced espacio para los que surjan un miércoles cualquiera de camino a la universidad. Suprimid el "no es el momento". El momento llega cuando uno está preparado y concienciado, no cuando un número lo dicta -porque todos sabemos que al final los propósitos de año nuevo no los cumple ni Dios. Conseguid que sea día uno todos los días. Respirad. Sentid cada mañana la fortuna de empezar algo nuevo porque lo estáis haciendo. Empieza un día nuevo, vuelve a salir el sol, al igual que ésta madrugada con código de barras que espera ser especial. Encontrad la excusa para enamoraros, o para despedidos. O para dar un abrazo a aquella persona que quizás lo rechaza pero bah, al fin y al cabo qué importa. Dejad que os quieran y os hieran sin tener que hacer a nadie vuestro, que al fin y al cabo todo sana.

Y sobretodo daros cuenta de que el único muro que os bloquea lleva vuestro nombre y apellidos. Sed constantes. Persistid. Seguid con lo que os propusisteis hace tres semanas aunque todavía fuese diciembre.

Cualquier momento es bueno para empezar a soñar, pero todavía más si es para seguir soñando.

Feliz día uno del calendario desde mi fábrica de sueños:)

Ane